Tuve suerte al elegir mi árbol favorito porque para verlo solo tenía que mirar a través de la ventana de mi habitación, en casa de mis padres.
Es un árbol grande e imponente, como el de la portada de Big Fish, con ramas largas como raíces, donde decenas de pájaros eligen diariamente descansar al sol, resguardarse de la lluvia o reagruparse antes de migrar.
No tiene nombre, ni sé de qué especie es, pero cuando el cielo anuncia tormenta sus ramas rugen con el viento y los centenares de pájaros que habitan su copa chillan montando un estruendo apocalíptico. En cambio, en los días templados sus hojas plateadas brillan con la brisa como si fuesen de agua. Entonces pienso:
“Qué bien, viejo amigo. ¡Hoy nos hemos levantado de buen humor!”
¿Os imagináis la melodía con la que me despertaba todas las mañanas? Evocar esos recuerdos me produce una ternura inmensa.
Con todo eso en mi cabeza, hice mi primer móvil de pajaritos en 2013.
Fue el regalo de cumpleaños para una de mis mejores amigas. ¡Hace 10 años ya! (Flipa!). Te dejo una foto para que veas como era:
Al año siguiente, en 2014, me marché a vivir a la ciudad y aunque al principio estuvo bien, al cabo de un tiempo empecé a echar de menos el campito, y mi día a día se fue cubriendo lentamente de una capa de polvo de tristeza.
Echaba mucho de menos escuchar el canto de los pájaros, convivir con animales, tener cerca el bosque, a mis amigas, bañarme en luz natural y tener el privilegio de estar en silencio, sin despertarme de madrugada con el vocerío de la gente volviendo de fiesta, los cláxones en cada atasco, los portazos en la escalera…
Así que, más o menos dos o tres años más tarde de mi llegada, empecé a crear mis colecciones anuales de pajaritos, como un pequeño homenaje a las personas, al hogar, la naturaleza, la primavera y a las relaciones que respetan nuestros tiempos, nos nutren y nos hacen bien.
En definitiva, son un objeto muy, muy especial. Yo cuando miro a los míos – los tengo colgados en una esquina de mi taller – pienso que son como un faro que me guía recordándome de dónde vengo y a dónde voy.
¡Como ves, no les falta un perejil!
Y nada más, que me encantaría que te enamorases del tuyo o que eligieses uno para hacérselo llegar a esa persona tan especial.
Tati.
