Cuando algo me agobia y necesito ordenarlo en mi cabeza, hacer listas me da claridad mental y me ayuda muchísimo. No quiero decirte qué hacer ni cómo hacerlo, así que tómate esto simplemente como una reflexión que comparto y si algo de lo que te cuento te resuena, genial.
La cosa es que cuando le daba vueltas a lo de mostrarme un poco más en las redes sociales de mi marca Espiadimonis, como te contaba en el episodio anterior, estuve pensando en qué motivos me habían impedido y me impedían todavía estar delante de una cámara o simplemente “exponerme” en situaciones más sencillas del día a día. Socializar siempre ha sido un tema complejo para mí, y hablar delante de varias personas, rebatir a alguien con un carácter fuerte o mostrar mis emociones intensas, me genera muchísimo malestar, y me he dado cuenta de que son varias las razones que me frenan y me agobian. He pensado que si las trabajo por separado y a mi ritmo, tal vez me será más fácil hacerles frente.
Así que voy a compartir algunas de las razones que creo se repiten más en general, y voy a tratar de plasmar un poco lo que extraigo en cada punto para intentar infundirme a mí misma, y a ti, un poco más de seguridad en lo que hacemos, pensamos y creemos. Principalmente lo hago pensando en esa exposición en redes como creadoras, pero todo lo que voy a comentar se puede extrapolar a otros espacios y profesiones:
✨ La 1.ª Razón para no atrevernos a mostrarnos es tener miedo al juicio de los demás
Y esto es muy natural, porque somos seres sociales y queremos la aprobación del grupo. A veces nos paraliza pensar en lo que los demás podrían decir o pensar de nosotras. Esto, que creo que va muy ligado a nuestra autopercepción y a nuestra autoestima, es una de las cosas que más me han condicionado durante toda mi vida, y a día de hoy, creo que es algo en lo que he trabajado lo suficiente como para que no me afecte de una manera tan paralizante. Aquí me gustaría destacar dos cosas tratando de ser lo más objetiva posible:
Primero, las personas que nos ven y escuchan tienen su propia vida y sus propios problemas, y muy poca gente va a dedicar energía a pensar tanto en tí o en analizarte de la manera en la que tú lo haces. De hecho, en un rato, no van a recordar la mayoría de detalles por los que tú te estás machacando. Y si alguien invierte tiempo en juzgarte mal, pues nada, no se puede gustar a todo el mundo y no pasa nada, no somos croquetas.
Segundo, al final del día, las personas que realmente están en tu vida no van a juzgarte mal. Van a celebrarte y, en todo caso, si tienen que hacerte una crítica, lo harán (o deberían hacerlo) de forma constructiva. Y si no es así y te hacen sentir insegura y mal, tal vez sea un buen momento para pensar si estamos rodeadas de las personas adecuadas o debemos redefinir nuestros límites.
✨ La 2.ª Razón es sentir que no tenemos nada valioso que decir
Este es otro gran freno, y de verdad, muchas veces miro a los demás, y te miro a ti, y a mí, y pienso que absolutamente todas tenemos algo que aportar. Todas tenemos una historia, unos conocimientos, unas vivencias, un carácter que nos hace únicas. Es que, piénsalo, absolutamente todo el mundo tiene algo que contar y además, no hace falta que sea algo trascendental; a veces simplemente puede ser entretenido o balsámico. Tal vez eso que tú quieres comunicar es exactamente lo que otra persona está esperando escuchar.
Si esta es una de las razones que te frenan, te diría que, en lugar de buscar “algo único”, empieces por hacer una lista de esas cosas que te salen naturales, que te apasionan y que se te dan bien. Da igual si son sobre jardinería, sobre física cuántica o una anécdota que te ocurrió ayer. Yo suelo usar las notas del móvil para ir recopilando todas esas ideas y así tengo mi propio banco de inspiración, que dicho sea de paso, es más variado que un cocido madrileño. No se trata de ser “original” según los estándares de los demás. Se trata de ser auténtica. Y luego, ya le daremos forma.
✨ Y aquí va la 3.ª Razón: No saber por dónde empezar
Porque igual tenemos un montón de cosas que contar y tenemos ganas de hacerlo, pero el acto de dar el primer paso parece insuperable. Tranquila. No te presiones para hacerlo todo de golpe. Empieza con una pequeña acción que te haga sentir cómoda.
Igual no hace falta que te lances con un monólogo si jamás te has atrevido a hablar en público. Pero si eres artesana y te apetece, tal vez puedes empezar a exponerte en Instagram enseñando tus manos mientras confeccionas un producto o grabarte de espaldas trabajando en el ordenador. O si eres escritora, tal vez puedes empezar por compartir un fragmento breve de algo que hayas escrito, o grabar un vídeo en un lugar bonito y leer uno de tus textos con voz en Off, y así poco a poco vas midiendo hasta dónde te apetece enseñar de ti.
A mí me daba vergüenza incluso enviar notas de audio a mis amigas, y fíjate ahora.
✨ La 4.ª Razón es horrible, porque es compararnos constantemente con los demás
La comparación es el camino directo a la frustración, y en redes sociales, además, hace bajada porque parece que todo el mundo tiene una vida fascinante, con ideas brillantes y trucos secretos para llegar a la cima del éxito y triunfar en todos los aspectos. Y aquí me apetece señalar tres cosas muy obvias: No sabemos qué parte de eso que vemos es real, no sabemos cuál ha sido el camino recorrido previamente y no sabemos cuál fue el punto de partida. No todas llevamos la misma mochila, ni andamos con los mismos zapatos, ni encontramos las mismas piedras en el camino.
Si seguir a según qué personas te está haciendo sentir pequeña, insuficiente o fracasada, corta con ello y elige con conciencia qué contenido consumes, quédate con el de aquellos y aquellas que te aportan, que se convierten en inspiración y en referentes que te suman.
Pero sobre todo, céntrate en tu camino y en los pasos que te permiten dar tus pies. Márcate objetivos razonables que puedas alcanzar y anda hacia ellos a tu ritmo, porque ese es el único trayecto que podrás conocer al dedillo, de principio a fin.
Tati Ayala
