En el anterior artículo, nos hicimos una idea general sobre qué es la autoestima y hoy le he preguntado a Noemí Pardina, psicóloga, formadora y terapeuta familiar cómo y cuándo se forma la autoestima. Sin más dilación, os dejo con su respuesta:
¿Cómo y cuando se forma la autoestima?
Noemí Pardina: En los libros de psicología veremos, que la autoestima se forma en la infancia, durante los primeros años de vida. Y, sin duda, la infancia tiene un peso muy significativo en nuestra autopercepción.
Pero yo incluso iría un poquito más hacia atrás y diría que nuestra autoestima se forma antes de nacer: en base a la familia en la que nacemos, a quiénes son nuestros padres y en qué momento vital están; también en base a cómo es su autoestima y su manera de gestionarse emocionalmente.
Influye, además, nuestro linaje generacional: no solo importan nuestros padres, sino también nuestros abuelos. Cómo fueron nuestros padres como hijos, lo que recibieron de sus progenitores, repercute directamente en cómo ellos serán padres o madres con nosotros, y eso influye en nuestra autoestima.
El contexto histórico, generacional y cultural también es importante. Una persona que vive en América Latina no recibirá los mismos mensajes ni tendrá las mismas vivencias que alguien en Europa, Indonesia o África.
Si nos centramos en la propia persona, todas las vivencias desde el útero materno son relevantes. Por eso es difícil determinar exactamente cuándo adquirimos ciertas creencias y pensamientos sobre nosotros mismos. A veces incluso se transmiten generacionalmente, sin que hayamos vivido esas experiencias de manera directa.
Por ejemplo, si nuestros padres tienen una mala relación con su imagen corporal, intentando adaptarse a un canon de belleza y sin resolver su malestar, es posible que interioricemos mensajes, ideas o creencias sobre lo que es correcto o valioso, incluso sin haberlo vivido en primera persona. Esa “mochila” nos acompaña y es clave para entender cómo se forma nuestra autoestima.
Por eso, cuando alguien decide ser padre o madre, recomiendo hacer un trabajo terapéutico previo, porque cuanto más trabajemos sobre nosotros mismos, más consciente y menos automatizada será la transferencia de patrones a los hijos.
El proceso de autopercepción en la infancia
En la infancia, los niños empiezan a desarrollar autoimagen y autopercepción. Suele ocurrir entre los 4 y 6 años, y está muy relacionado con la adquisición del lenguaje.
A esa edad, es común que los niños digan cosas como: “Yo soy muy valiente”, “yo soy muy torpe” o “Yo soy muy miedoso”, o que le escuchemos decir: “Este niño es muy listo” o “Esta niña es divertida”.
Así, se empieza a construir una narrativa interna: la voz que nos define y nos da una valoración sobre nosotros mismos, una voz que no es impermeable y que muchas veces refleja lo que hemos recibido de fuera, explícita o implícitamente.
Observar a otros también es clave: los niños pueden identificarse con hermanos, amigas o compañeros, y asumir ciertas cualidades observando sus conductas y las valoraciones que reciben.
Como vemos, la familia es el primer eje socializador, seguida del contexto escolar, donde los mensajes de adultos e iguales también influyen.
A medida que crecemos y nuestro cerebro se desarrolla, podemos relativizar y construir nuestro propio pensamiento crítico. Pero cuando somos pequeños, nuestra exposición a actitudes y comportamientos externos es directa y significativa.
Por ejemplo, si un niño recibe castigos sin explicación, puede interiorizar que es “malo” o que merece el trato que recibe. En cambio, si se le escucha y se intenta comprender su comportamiento, interioriza que está aprendiendo, que equivocarse es parte del proceso.
La importancia del apego, el entorno y el contexto social
Nuestra autoestima está impregnada por todo nuestro entorno y en la edad infantil está muy relacionado con el apego porque cuando somos pequeños necesitamos apegarnos a alguien, necesitamos a un cuidador o a una cuidadora para sobrevivir. Como seres humanos, nacemos tremendamente vulnerables e inmaduros. No viviríamos si no nos apegásemos a alguien que cubriera nuestras necesidades más básicas.
En resumen todo lo que recibimos de nuestros vínculos de apego, tiene un peso trascendental. Primero con nuestros progenitores o cuidadores, después, con aquellos que encontraremos en la etapa escolar.
También es importante el contexto social, cultural e histórico en el que nacemos y crecemos. Los mandatos sociales, la socialización de hombres y mujeres, y los prejuicios relacionados con nuestras características físicas o capacidades.
La formación de nuestra autoestima es algo amplio, complejo y prolongado en el tiempo. Es difícil identificar un inicio claro porque hay muchos factores que influyen, incluso antes de nacer.
En terapia, consideramos que trabajar la autoestima es un proceso complicado. Cambiar la imagen que tenemos de nosotros mismos, cambiar nuestras creencias y nuestra autopercepción de una forma realista, no se logra solo con consejos, tips o libros de autoayuda. Estos pueden ser útiles para algunas personas, pero no sustituyen el trabajo profundo y consciente sobre uno mismo.
Entender cómo y cuándo se forma la autoestima nos da una idea de lo importante que es, sobre todo, en esa etapa en la que somos tan frágiles y dependientes. Comparto con Noemí su observación sobre los libros de autoayuda (que también extrapolo a posts de Instagram y vídeos virales). Pueden ser útiles, ayudarnos a tener un momento de claridad, pero al final no sustituyen el trabajo personal, profundo y consciente de mirar hacia dentro con honestidad.
Según mi experiencia, apostar por el amor hacia uno mismo es una de las mejores inversiones que podemos hacer a largo plazo.
Os dejo un dosier que he preparado con películas que tratan directa o indirectamente sobre el tema de la autoestima, el amor propio y la autoercepción. Las he clasificado por edades, con la idea de que os sirvan para introducir estos temas de manera sencilla con los peques.
Tati Ayala
