Este es el tercer y último capítulo de nuestra mini-serie sobre la autoestima. Si acabas de llegar, te animo a empezar esta cápsula por el principio.
Anteriormente hablamos sobre qué es y sobre cuándo y cómo se forma. Hoy vamos a mirarnos un poco más de cerca para reconocer en qué estado está nuestra autoestima y ver qué pasos sencillos podemos dar para cuidarla en nuestro día a día.
Para acompañarnos, cuento de nuevo con Noemí Pardina, psicóloga especializada y directora del Centro Ataraxia, que nos ofrecerá ejemplos claros y prácticos que podemos aplicar en nuestra vida cotidiana. Le he preguntado: “¿Cómo sabemos si nuestra autoestima es sana?”
¿Cómo sabemos si nuestra autoestima es sana?
Noemí Pardina: Una manera sencilla de empezar este trabajo es encontrar cuál es y cómo es nuestro propio diálogo interno.
Algunas personas ya lo habrán identificado, pero otras quizá nunca se han detenido a observarlo. Es una voz interna que nos dice cómo somos, cómo deberíamos actuar, lo que está bien o lo que está mal, lo bien o mal que hemos hecho algo, y también nos explica cómo son las cosas y cómo “deberíamos” comportarnos.
Por eso resulta muy interesante hacer este trabajo de observación para identificar esa voz y escucharla sin juzgarla, solo para descubrir qué nos dice y cómo nos vemos a través de ella. Voy a poner un ejemplo muy cotidiano: si se me cae un vaso al suelo y se rompe, ¿qué me dice mi diálogo interno?
¿“Qué tonta estás”? ¿“Qué torpe eres”?
O tal vez:
“No pasa nada, recógelo y ya está”.
En cualquier momento aparecen pensamientos, ideas y creencias. En todas las situaciones que vivimos – sean más o menos importantes – aparece ese diálogo interno que nos da una explicación sobre lo que ha pasado y sobre quiénes somos en relación con ello.
Por ejemplo, si se me cae el vaso y mi diálogo interno me dice “qué torpe eres”, eso revela una creencia. Y probablemente esa creencia no surja solo en ese momento, sino también en otros ámbitos de mi vida. Puede influir en cómo me siento respecto a mi capacidad, en cómo vivo los errores e incluso en si experimento vergüenza o culpabilidad.
En cambio, si mi diálogo interno me dice “no pasa nada, se ha caído el vaso, le puede pasar a cualquiera”, viviré ese error de otro modo. Mi sentimiento de vergüenza o culpa probablemente será menor o incluso no aparecerá.
Por eso es fundamental observar nuestro diálogo interno antes de intentar cambiarlo. Hay que observarlo, como si estuviéramos viendo una película: mirar lo que pasa por nuestra mente y por nuestro cuerpo cuando vivimos determinadas situaciones.
Preguntarnos:
- ¿Cómo me explico lo que me ocurre?
- ¿Qué pensamientos y creencias aparecen?
- ¿Qué me digo a mí misma
- ¿Cómo me hablo?
Diría que esta es una parte esencial (no la única, pero sí imprescindible) del trabajo con la autoestima.
Cuando hablamos sobre qué es la autoestima dijimos que es difícil medirla, porque no es algo objetivo ni cuantificable. No es como la fiebre: cuando la tienes te tomas la temperatura y obtienes un dato.
Con la autoestima no ocurre eso. Sin embargo, sí existen indicadores, y el diálogo interno es uno de los más importantes. La manera en que nos hablamos refleja cómo nos tratamos y cómo nos percibimos.
Un diálogo interno más positivo, amable y compasivo, basado en la aceptación y el cuidado, está asociado con una autoestima más saludable. Y eso, en términos de salud mental, nos permite vivir con más calma, mejor estado de ánimo, menos malestar y mayor seguridad ante las cosas que nos suceden.
Por el contrario, si tenemos un diálogo interno muy crítico o negativo, eso afectará a nuestro día a día: a nuestro estado de ánimo, a la manera en que nos relacionamos con los demás y a cómo afrontamos los retos o las situaciones emocionalmente difíciles.
Por eso, mi recomendación sería observar e identificar nuestro diálogo interno, esa voz que nos dice cómo somos y cómo son las cosas. Observar sin juzgar, porque si no podemos llegar a sentirnos culpables por ser tan críticos, y eso aumentará nuestro malestar.
La clave está en observar sin juicio, solo para conocernos mejor. Mirarnos como si fuéramos espectadores o espectadoras de lo que ocurre dentro de nosotros.
Observar sin juzgar: una práctica aparentemente sencilla, pero que parece imposible cuando nos miramos a nosotras mismas y a las demás.
Ahora que tenemos claro que la autoestima depende de muchos factores que podemos identificar, que sabemos que es posible observar nuestro diálogo interno y transformarlo… ¿Qué podemos hacer con toda esta información? ¿Cómo podemos tener una autoestima más sana? ¿Qué pasos podemos dar para sentirnos más a gusto con nosotras mismas y nosotros mismos?
¿Cómo sabemos si nuestra autoestima es sana?
Noemí Pardina: Una vez que hemos identificado cómo es nuestro diálogo interno, el primer paso para mejorarlo o cambiarlo pasa por crear un diálogo alternativo. Este diálogo aprendido puede desaprenderse, y para ello debemos tener claro que nosotras no somos nuestro diálogo.
Para empezar a hacerlo, os animo a que, cuando se os caiga un vaso y se rompa, intentéis ser conscientes de cómo os habláis y reaccionáis internamente. En ese momento, tomad la decisión de parar y empezad a construir un diálogo diferente.
Por ejemplo, si me digo: “Qué torpe soy, siempre se me caen las cosas”, puedo detenerme y cambiarlo por algo como: “No, no eres torpe. Se ha caído, y esto es algo que le puede pasar a cualquiera.” Es un trabajo constante, un proceso que nunca llega del todo a su fin.
El trabajo sobre la autoestima no es como el que se hace con una fobia. Por ejemplo, si tienes miedo a volar, el tratamiento puede tener un inicio y un fin: pasas de tener fobia a no tenerla y quizás ya no necesites volver a trabajar en ese aspecto nunca más.
En cambio, el trabajo con la autoestima y con el diálogo interno nunca termina. Es algo cotidiano, porque nos están pasando cosas todo el tiempo: vivimos experiencias, nos enfrentamos a situaciones, sentimos de distintas maneras… Y en todas ellas, nuestra autoestima y nuestro diálogo interno están presentes.
Este es un trabajo que, con cuanta más frecuencia hagamos, más efectos producirá. Cuanto más lo practiquemos, esa voz nueva, esas ideas y creencias diferentes se irán reforzando, ganando músculo y haciéndose más fuertes.
Ahora bien, esto no significa que la creencia de “soy torpe” desaparezca para siempre. Puede que siga apareciendo, pero ya no tendrá tanto peso, ni tanto poder, ni será la única voz. Y eso es muy importante: el objetivo no es que desaparezca para siempre, sino que no sea la única narrativa.
El propósito es crear un diálogo alternativo, uno que pueda convivir con el anterior. De modo que, cuando me diga “soy idiota”, “no soy buena hija” o “siempre tengo la culpa de todo”, pueda surgir otra voz que me diga: “Mira, no tienes la culpa de todo. Has cometido un error, y puedes hacerte cargo, pedir perdón y reparar.” Ese sería mi consejo para empezar a trabajar la autoestima.
A veces, cambiar este diálogo no es fácil, porque puede que no encontremos una alternativa de inmediato. En esos casos, hay un ejercicio que me parece muy útil: imagina que alguien a quien quieres mucho te cuenta lo mismo que tú te estás diciendo a ti. Si esa persona te dijera que se siente horrible, ¿qué le responderías?
Este ejercicio es muy poderoso, porque a menudo nos resulta más fácil ser compasivos con los demás que con nosotros mismos. Por ejemplo, si una amiga me dijera: “Soy horrible, hice daño a alguien”, probablemente le respondería algo así: “No, no eres horrible. Es verdad que te equivocaste y que hiciste daño, pero eso no te convierte en una mala persona. Te convierte en alguien que a veces se equivoca, o que hizo lo que pudo.”
Si puedo decirle eso a otra persona, con el tiempo y con trabajo también podré decírmelo a mí misma, e incluso creerlo y sentirlo como cierto. Como decimos, este es un trabajo que no termina nunca. Por eso, os recomiendo no darlo nunca por cerrado, y esto no significa ir siempre a terapia, ni mucho menos. Se trata de un trabajo diario de cuidado y amabilidad con uno mismo.
Espero que todo lo que hemos compartido os haya gustado y os sirva de ayuda.
Con esto termina esta cápsula sobre la autoestima. Espero de corazón que os haya sido útil y que ahora que hemos aprendido que podemos dar pasos para escucharnos con menos dureza, quizá empecemos a darnos cuenta de que esa voz interior, esas creencias aprendidas que resuenan en nosotras, son muchas veces las que nos impiden alcanzar algunos de nuestros objetivos.
Además, nuestra falta de amor propio puede ser, para muchas personas, el botón o la llave que les abre la puerta a la manipulación o al abuso. Por eso, fortalecer con benevolencia nuestra autopercepción, cultivar una mirada más amable hacia nosotras mismas, puede ayudarnos a identificar antes las situaciones dañinas y a poner límites saludables, mucho antes de que lleguen a causarnos un daño irreparable. Nos merecemos tener relaciones sanas con nosotras mismas y con las demás.
Por eso quería tratar este tema en El Club de las Cinco.
Ojalá os haya gustado este recorrido.
Os dejo un dosier que he preparado con películas que tratan directa o indirectamente sobre el tema de la autoestima, el amor propio y la autoercepción. Las he clasificado por edades, con la idea de que os sirvan para introducir estos temas de manera sencilla con los peques.
Tati Ayala
