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CUESTIONANDO LA HISTORIA

Hace unos cuantos años, a raíz de unos stories de una reconocida historiadora, conocí el concepto de perspectiva de género. Esta perspectiva consiste en analizar la historia, la cultura y la sociedad considerando los roles de género y las desigualdades que existen entre hombres y mujeres, y cómo estas desigualdades afectan en las oportunidades y en las experiencias que tiene cada persona.

Usar la perspectiva de género, entre muchas otras cosas, significa revisar la Historia en mayúsculas, esa que casi siempre (por no decir siempre) fue escrita con la “H” de hombre, habitualmente caucásico, para recuperar figuras que han sido invisibilizadas y darles el espacio que merecen.

En aquel momento esto me pareció muy revelador, sobre todo porque ni siquiera en el grado de ilustración me planteé que existieran referentes femeninos en la historia del arte. De hecho, estoy segura de que muchas de nosotras, si en algún momento nos hubieran preguntado “¿por qué no hubo mujeres artistas?”, habríamos pensado con total naturalidad que las mujeres no tenían tiempo para crear grandes obras al estilo de Picasso o Mondrian, porque estaban demasiado ocupadas cambiando pañales, cocinando o lavando la ropa en el río, o buscando marido en el baile de la temporada, o lidiando con algún embarazo y el consecuente rechazo social.

Sin embargo, en 1971, cuando Linda Nochlin publicó en la revista ArtNews el ensayo “Why Have There Been No Great Women Artists?” (¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?), metió el dedo en la llaga, cuestionando la historiografía artística dominante. Su ensayo cambió la manera de mirar la historia del arte, mostrando que la ausencia de mujeres no se debía a falta de talento, sino a las barreras sociales, educativas e institucionales. 

Hasta ese momento, se asumía que la genialidad era algo innato, un don con el que el artista masculino había nacido y cuyo arte florecía como las amapolas en primavera, en un proceso místico y natural. Durante años, la figura del GENIO giró en torno a esa idea estereotipada del hombre blanco incomprendido, a veces excéntrico, pero siempre dotado de un talento casi divino para crear obras icónicas. Pensamos en Enstein, Caravaggio, Bethoven, Shakspeare o Van Gogh y olvidamos a Maric, Gentileschi, Anguissola, Lovelace o las Brönte.

Creo que es importante ir desmontando un poco esta proyección tan grandilocuente para resituarlos en su justo lugar. Estos genios, que indiscutiblemente fueron personas de gran talento, también tuvieron unas circunstancias generales y un contexto social específico, y a diferencia de muchas de sus coetáneas, por el mero hecho de ser hombres, siempre contaron con algunos vientos a favor que les permitieron destacar y llegar a buen puerto.

Me explico: si tienes talento para el arte, las ciencias o la filosofía, siempre va a ser mucho más fácil cultivar ese don si puedes dedicarle tu vida casi en exclusiva, sin tener que cuidar a tus once críos, como sí hace tu esposa, que asume los roles de cuidados y se desloma fregando, cocinando y haciéndote de asistente (por la módica cantidad de cero monedas). O si puedes gozar libremente de una herencia (sin tener a tu padre o a tu marida administrándolo). O si se te permite pintar, estudiar y viajar sin más preocupación porque la sociedad no te cuestiona por ello.

Las mujeres que aspiraban a ser artistas se encontraban con un montón de trabas y zancadillas en su camino. Por ejemplo, hasta finales del siglo XIX tenían prohibido estudiar en la universidad. Y cuando finalmente empezaron a tener acceso, no podían asistir a las clases de dibujo con modelo desnudo, y tuvieron que aprender anatomía a partir de cuadros de otros autores o de la propia autoobservación. Es fuerte que luego hablemos de los genios como algo que viene de cuna pero no de cómo estas señoras – que lo tenían complicadísimo – llegaron a lo más alto. Ya veréis que yo reivindico mucho el término señora. Me gusta y creo que tenemos que apropiarnos de él con orgullo.

En fin. Estas señoras tampoco podían usar pantalones. Y esto puede parecer algo menor tratándose de arte, pero imagínate lo que significaba ir a pintar al campo o a barrizales, cargada con todos los materiales de pintura y encima tener que hacerlo ataviadas con esos vestidos pomposos, llenos de capas que les impedían moverse con libertad.

Rosa Bonheur, que ya en su época fue una importantísima pintora de animales y que por su trabajo tenía que desplazarse a zonas rurales para observar y pintar a los animales de cerca, tuvo que solicitar un permiso especial para travestirse y poder llevar pantalones.

En fin, que para mí, no tiene sentido analizar la historia sin tener en cuenta estas cuestiones y negar que el género, el contexto social y la raza influyen en la producción artística, incluso hoy, es simplemente absurdo. Los genios pudieron ser genios, en gran medida, porque tuvieron condiciones materiales, tiempo, reconocimiento y privilegios para desarrollarse como tales. Y, pese a todas las dificultades que tenían las mujeres, ellas también existieron como artistas y crearon de forma prolífica.

Cuando empiezas a rascar un poco, te das cuenta hasta qué punto el pacto de silencio nos ha dejado huérfanas de referentes. Y tener referentes nos ayudan a visualizar de lo que podemos llegar a ser capaces.

Creo que, después de haber estado bajo el polvo (literal y figuradamente) durante siglos, ya va siendo hora de rescatarlas de los sótanos de los museos, de reescribir los libros de historia y de devolverlas al lugar en el que siempre debieron estar. Me pongo de pie sobre la tribuna con esto porque es un tema que me apasiona.

Como es algo sobre lo que hice mucha investigación en su día, me hacía ilusión darle una vuelta y rendirles A ELLAS algún tipo de homenaje en El Club de las Cinco. He pensado en crear una sección para el podcast y titularla algo así como “Genias geniales”, “Caminando con…”, “Revisitando a…”, aunque todavía tengo que pensármelo. Si os animáis a echarme una mano con el título, seré toda ojos y oídos.

Antes de lanzarme, me parecía interesante introducir un poco mi visión sobre el tema y desde qué perspectiva me gustaría dar estos paseos por la vida y la obra de nuestras queridas, increíbles y desde ya mismo veneradas artistas.

Tati Ayala

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