Te propongo un ejercicio/ritual muy sencillo, por si te apetece hacer una pequeña pausa y dedicar un momento a revisar cómo ha sido esta primera mitad del año.
Lo he titulado “EL ÁRBOL”, porque en él vamos a podar ramas que ya no sirven para convertirlas en abono y vamos a plantar semillas para que, con el tiempo, puedan dar frutos:
1. Coge papel y bolígrafo y divídelo en dos mitades.
2. En la parte izquierda escribe entre tres y seis cosas que quieres podar de tu vida: un hábito, una relación, un miedo, un pensamiento recurrente.. Luego, en la parte derecha escribe de forma concreta y medible cómo vas a hacerlo. Te pongo algunos ejemplos, pero tú tienes que encontrar los tuyos:
- Una relación que me desgasta → Expresaré un límite claro y, si a finales de año sigue sin respetarse, me alejaré de esa relación.
- Me preocupo constantemente por el dinero → Reservaré 30 minutos cada domingo para revisar mis cuentas y después sacaré de mi cabeza las preocupaciones económicas que no requieran una acción concreta.
- Me siento tan agotada que siempre pospongo ir al gimnasio → En lugar de ir por las tardes al gimnasio, caminaré treinta minutos tres días por semana.
- Nunca tengo tiempo para mí → bloquearé una tarde al mes en la agenda y la trataré como una cita importante.
- Quiero leer más libros, pero me paso el rato haciendo scroll en redes sociales → dejaré un libro en la mesita de noche y sustituiré diez minutos de móvil por lectura.
3. Cuando termines de redactar tu lista, léela despacio y en voz alta las veces que necesites para interiorizarla.
A) La lista de la izquierda contiene todo aquello que has decidido podar.
B) La lista de la derecha son las semillas, los nuevos hábitos medibles y alcanzables que te comprometes a cultivar.
Puede parecer una tontería, pero escucharnos tomar un compromiso en voz alta pesa mucho más de lo que parece en nuestro cerebro.
4. Separa ambas mitades.
La mitad de la izquierda (la poda) puedes romperla en pedazos, quemarla con cuidado si tienes dónde hacerlo y enterrarla en una maceta o en el jardín para que se convierta en abono para tu árbol.
La parte derecha dóblala y guárdala en un lugar donde puedas volver a encontrarla dentro de unos meses: una mesita de noche, una agenda, un libro que te guste o un cajón que abras a menudo.
5. Cuando sientas que el año está llegando a su fin, vuelve a abrirla y observa qué cosas han florecido. No pasa nada si algunas han tenido que reciclarse, cambiar de forma o están a medias.
Los árboles tampoco dan fruto todos los años de la misma manera y lo importante es que te hayas tomado un momento para decidir qué merece seguir creciendo en tu vida y qué no.
¿Me contarás si te animas a practicar jardinería simbólica estos días?
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